dissabte, 2 d’agost de 2008

VIATGES LOW COST

     Teniamos que separarnos, si no recuerdo mal, para dedicarnos a nuestros asuntos, pero alli en el Helena de Troya nos encontramos una vez mas con la puesta del sol, una de las fantasticas puestas de sol de Rodas que, desde los tiempos medievales, contribuyeron con tanta justicia a la fama de la isla, segun los relatos de los viajeros por el Egeo.
     Toda la calle de los caballeros estaba encendida. Las casas habian comenzado a enroscarse en los bordes, como papel ardiente, y con cada particula de descenso del sol detras de la oscura colina que se erguia sobre nosotros, los tonos de rosa y amarillo se cuajaban y corrian de extremo a extremo, de alero en alero, hasta que por un momento los oscuros minaretes de las mezquitas brillaron, igneos, azules, como la luz que se refleja en una hoja de papel carbon.
     Inmunes ya a una belleza que les resulta familiar, las oscuras sombras de los refugiados se movian dentro de sus casas bombardeadas, sus voces claras y agudas mientras encendian lamparas o acomodaban sus destartalados muebles para pasar la noche, parloteaban ruidosamente.
     Gideon levanto contra la luz roja del cielo un vaso de vino rosado, como si tratase de aprisionar los ultimos rayos del sol poniente.
     -¿De donde habria podido sacar Homero, por asociacion-dijo-un adjetivo como dedos de rosa... a menos que hubiese presenciado una puesta de sol en Rodas? ¡Mire!-.
Y en efecto, a aquella extraña luz sus dedos vistos a traves del vino, temblavan, rosados como el coral contra el cielo radiante.-Ya no dudo que Rodas fue la cuna de Homero-añadio con gravedad.
     Entendi que estaba un tanto borracho. Me indico, con un impresionante ademan, que me sentara y le imitase, y durante un rato examinamos nuestros propios dedos a traves de nuestros vasos, antes de ofrecer un solemne brindis a Homero. (A ti no, tonto, dijo al perro.)
Entonces, durante un momento, toda la calle temblo con la luz ultraterrenal de una ficcion teatral, y luego la oscuridad se deslizo colina abajo. "Una vidriera de colores destrozada por una granada"

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Aixeco els ulls del llibre, a la taula de fusta hi ha un cercle d'humitat, l'ha deixat el got de te gelat que m'estic acabant, la cadira de boga cruixeix al arrepenjar me al respatller, una mica mes enlla, arrepenjat a la barana, hi ha una jardinera curulla de fulles verdes de menta i flors blanques de gessamí, la petita piscina, silenciosa, espera algu que trenqui el mirall de l'aigua, mentre l'aire fa mes suportable els ultims embats calents del sol que ja es pon.

Aixo no es Rodes, es la terrassa de casa, pero per un moment, tot i estar condemnat a l'inmobilitat de venes i crosses, jo tambe prenia un chianti ben fred a la petita taberna.

Fragment del llibre "Reflexiones sobre una venus marina, viaje a Rodas", de Lawrence Durrell.

4 comentaris:

Pekas ha dit...

y que bien sientan esas hojas de libros.. esa copita de vino... ese saber estar ... ese disfrutar con las cosas sencillas de la vida..

ayyyssssss... qué gustito... :-)))

Waldo ha dit...

En aquest món que ens ha tocat viure ja no recordem la petita taberna de Rodes. M'alegro que l'hagis retrobat :)

JB ha dit...

holaaa

donçs sembla que haure d'allargar aquests bons moments, ahir hem van treure el vendatge, pero encara hem queden uns dies de calma i tranquilitat...
si voleu pasar a fer un vinet, nemos heu de trucar a la porta.

:-)))

cuaderno de viajes ha dit...

caram, disfrutar dels bons moments amb un bon llibre son moments genials. s'hi t'interessa la lectura a cuadern de viatges recomenen unes noveles de viatges que son molt interessants